Frei No es Bachelet
Por Fco • 2 Nov, 2009 • Sección: NacionalPor Juan Machuca…
Hace una par de semanas –y esto fue antes que Ángela Jeria y Laura Albornoz se integraran a la campaña presidencial- buen amigo comentó en un carrete: “¿Sabían que en el comando de Frei está tomando fuerza la idea de hacerlo engordar, teñirlo rubio y ponerle lentes?”. Por un momento le creí. Así como van las cosas, pensé. Sólo me percaté que era una broma cuando dijo: “También evaluaron la idea propuesta por el PPD de ponerle pechugas. Pero fracasó: La DC se opuso tenazmente”. Risas. Recién ahí caí en cuenta que se trataba de una broma. Menos mal, dije. No pueden estar tan mal en el comando de Frei. Porque, por más que lo deseen, Frei no es Bachelet. Y está muy lejos de serlo.
Bachelet es como la mami de Chile. Es cálida, cercana, tira tallas y le dice “hasta la vista baby” al gobernador de California (me niego a escribir su apellido). Bachelet representó, en su momento, “el cambio”. Por eso fregó a Lavín en la elección de 2005. Lavín representaba el cambio hasta que llegó Bachelet. Ella, mujer, relativamente joven, empática, cálida, y una serie de otros atributos que hoy la tienen encumbrada por sobre el 70% de aprobación, logró conquistar el corazón del ciudadano de a pie. Además, ella nunca buscó ambiciosamente ser Presidenta, como sí lo hicieron Aylwin, Frei y Lagos, preparados desde la cuna para ocupar tal cargo.
El concepto de cambio estaba ahí. Si ganaba, sería la primera presidenta mujer en toda la historia de nuestro país. Guau. ¿Un cambio mayor que ése? Imposible. Muchas personas votaron por Bachelet sólo porque era mujer. Incluso mi abuela, a quien yo consideraba una persona tan racional, se inclinó por Bachelet única y exclusivamente por ese motivo. “Antes de morirme quiero ver a una mujer de Presidenta”, se excusó ante toda la familia. Además, digámoslo, la señora era chora. Se subía a los tanques Leopard cuando había inundaciones y hablaba seis idiomas. Daba lo mismo que no supiera cómo se regulaba el tipo de cambio.
Cuatro años después, Frei es todo lo contrario. JAMÁS va a representar el cambio. Jamás. Frei representa la política de los noventas. Todo lo que queremos dejar atrás. Representa al político acartonado, seriote, lejano. Ése que gobierna con unos pocos asesores cercanos, con los presidentes de los partidos, que realizan acuerdos entre cuatro paredes. Está bien. Es totalmente legítimo e incluso –me imagino- más simple. Pero eso no es lo que la gente quiere hoy en día. Los ciudadanos ya no queremos ese estilo de hacer política. Nunca más.
Aunque, una vez más, seamos injustos con Frei: No es su culpa. El tipo estaba bien. Había logrado zafar de un gobierno que estuvo lejos de ser exitoso, pero al menos zafó. No le encontraron turbiedades, ni escándalos, ni nada. Bien. Y ahora estaba tranquilo como senador, en su salsa, con su estilo político avejentado (recordemos que senado viene del latín senatum, que era el consejo de ancianos en los albores de la República romana), viajando a Valparaíso de vez en cuando a sesionar y votando alguna que otra ley. Estaba tranquilo.
La culpa no es de él, sino de quienes lo convencieron. De los que llegaron patudamente a golpear la puerta a su oficina y le dijeron “viejo, no tenemos ningún buen candidato para echar a pelear contra Piñera. Lagos se está haciendo el difícil y se niega a participar en primarias, además en su gobierno hubo muchas turbiedades. Insulza aún no se decide si quedarse en la OEA o aperrar. Ah, y en el PS hay dos que quieren ser presidente, pero uno es muy joven y el otro es muy viejo, además que la gente ya está chata de los PS porque los encuentra muy turbios. ¿Te atreves?”. Al pobre Frei, me imagino, no le quedó otra. “Si no te tiras, estamos condenados a perder el poder”, le habrían dicho sus cercanos, muertos de miedo. Y aquí lo tienen.
Frei era, quizás, un buen candidato para la primera mitad de los noventas. Pero hoy está totalmente out. No la lleva. Por más que intenten disfrazarlo de pokemón, de emo o de alternativo en las chapitas dirigidas a los jóvenes (¿de quién diablos habrá sido esa idea?). Por más que intenten meterle mujeres con la cara de Bachelet en su campaña. Por más que lo hagan engordar, le pongan lentes y lo tiñan rubio. Incluso si le pusieran pechugas; no, Frei no es Bachelet. No nos pasen gato por liebre.


La vieja tampoco es niuna maravilla, yo no se porque la hicieron intocable, cuando resulta que es un gobierno mediocre.